miércoles, 4 de agosto de 2010

[Costa Rica] Ya no quedan más mejillas

Declaración del Colectivo La Libertad desde Costa Rica relativa a la creciente militarización del área Centro América-Caribe



Ya no quedan más mejillas


Desde inicios de julio de este año, trabajadoras y trabajadores bananeros, campesinos e indígenas de la provincia de Changuinola en Bocas de Toro (Panamá), permanecían en huelga en defensa de derechos laborales básicos amenazados por las llamadas Ley Chorizo y Ley Carcelazo aprobadas por el gobierno derechista y militarista de Martinelli. 
 

Más de 4000 trabajadores afiliados a la Confederación de Trabajadores de la República de Panamá y 700 trabajadores de Convergencia Sindical, se manifestaban el 8 de julio repudiando la eliminación del derecho a huelga, la restricción de la libertad sindical, la penalización con cárcel de la protesta y la eliminación de las cuotas sindicales, cuando fueron brutalmente reprimidos por fuerzas policiales que luego del garrote y la violencia dejaron un saldo de 7 personas muertas, más de 100 hospitalizadas y cerca de 30 detenidas.

Estas acciones despertaron movilizaciones en todas las provincias del país, así como la convocatoria, por parte del Encuentro Nacional de Dirigentes Populares, Sindicales y Gremiales, a una Huelga Nacional para el martes 13 de julio. Las organizaciones obreras y campesinas, amenazadas con quedar desplazadas por la creación, bajo ley, de una central sindical fiel al gobierno, demandaron la liberación de las y los trabajadores presos y la impugnación de los asesinatos políticos cometidos.


No obstante, la violencia del Estado, las presiones oficiales y el cerco mediático nuevamente, como otras tantas veces en nuestra región, permitieron la “negociación” y gestaron una “salida” al conflicto. Pero este caso es un ejemplo más de las formas en que actualmente el sistema capitalista y el Estado matan en la región centroamericana; es un ejemplo de la barbarie a la que es capaz de llegar la derecha fascista para imponer sus proyectos de liberalización económica, extracción de recursos y mercantilización de la vida.


Se trata de una tendencia que tiene varios años de venirse cuajando y que ha venido tomando forma bajo el eje militarista y neoliberal de los Estados de la región, desde México y Honduras, pasando por Costa Rica, hasta Panamá y Colombia. No es casual la estrecha relación de la actual presidente de Costa Rica con el gobierno de Martinelli (que en su forma más vulgar se concreta en la participación de efectivos policiales costarricenses en los actos de represión dentro de fronteras panameñas), ni el papel que nuestro país jugó en la legitimación internacional del golpe en Honduras y del inconcebible gobierno de Porfirio Lobo.


No es tampoco casual que la presencia militar criolla haya aumentado en estos últimos meses, paralelamente a la influencia y la intervención militar norteamericana. El permiso de desembarco de más de 7 mil soldados, 46 buques de guerra y 200 helicópteros del ejército estadounidense por parte de la alianza oficialista-evangélica-liberticida en el parlamento tico, expone en toda su crudeza la inexistencia de soberanía nacional en Costa Rica, y la clara disposición de la oligarquía local de ponerse a las órdenes de los proyectos geopolíticos del gobierno gringo.


Así queda desnuda la mentira que día a día nos hacemos a nosotros y nosotras mismas sobre nuestra Costa Rica de paz y nuestra perpetua y sacrosanta neutralidad: los militares gringos gozarán de absoluta inmunidad ante la justicia tica, los marines podrán entrar y salir del país a voluntad y circular por todo el territorio nacional uniformados y portando sus armas de combate. A nadie alarma la cascada de denuncias internacionales sobre agresiones, violaciones y amedrentamiento de efectivos gringos a ciudadanas y ciudadanos de otros países ocupados.


Pero no se crea que esto es nuevo. La estrategia militarizante del gobierno ya se podía entrever con el acuerdo de intercambio con el gobierno italiano de entrenamiento militar a policías ticos por bonos de carbono para el país europeo. Ni qué decir de las numerosas ocasiones en que desde 2007 se han aprobado desembarcos semejantes al mencionado: 5 barcos de guerra artillados y 17 guardacostas hace 3 años, 13 buques de guerra con una tripulación aproximada cada uno de 20 oficiales y 200 enlistados en 2009 (todos cargados de avioncitos y helicópteros), y muchos otros permisos de desembarco para naves guardacostas. Todo esto, bajo el discurso de la seguridad democrática y el combate al narcotráfico.


La falsa guerra contra las drogas, que nunca pone como sus objetivos principales a los capos de las mafias locales e internacionales, ni a las figuras de la narcopolítica de los gobiernos regionales, es tan solo una ilusión, un discurso en holograma para desviar la atención de los verdaderos intereses:
incrementar la presencia militar norteamericana en Centroamérica y consolidar la hegemonía del proyecto neoliberal. No debe asombrar, en este sentido, que en todo el mundo los países con mayor presencia militar estadounidense son los que presentan los mayores incrementos en producción y comercialización de drogas.

Las consecuencias de dichos mecanismos los estamos viviendo ahora casi a diario:
represión política, criminalización, desmantelamiento del andamiaje jurídico de derechos, penalización de la protesta, estigmatización mediática de la lucha social. Esta guerra permanente contra el “otro” (el inmigrante, el delincuente, el comunista, el pandillero, pero también el campesino, el indígena, el pobre), sobretodo en su versión de guerra contra el narco, es en realidad, como se ha dicho antes, una “guerra contra los pueblos” (http://www.elpais.cr/articulos.php?id=28871), “una guerra que no alcanza a la América opulenta del norte”, ni se interesa por plantearse de manera seria la solución de ningún conflicto.

Esta supuesta guerra es una sistemática y calculada agresión regional. Constituye la expresión explícita de un impulso implícito: el control y dominio de población y recursos.
Las estrategias comerciales ocultan estrategias de saqueo, las iniciativas de cooperación ocultan intereses de control, las políticas de seguridad regional ocultan políticas de dominio geopolítico. Ejemplo de estas formas son los tratados de libre comercio, la Iniciativa Mérida, el Plan Colombia, pero también signos más puntuales como el Tratado Obama-Uribe para el uso de 7 bases militares colombianas por parte de Estados Unidos, la reciente reactivación de la Cuarta Flota, el golpe de Estado en Honduras, la ocupación militar en Haití y la concesión de nuevas bases militares en Panamá.

En Centroamérica, el Estado de derecho es sólo a partir de su negación. La seguridad es solo a partir de su negación. La paz es solo a partir de su negación. Nuestro pueblo vive agredido por la ley, inseguro y en violencia. La única promesa que nos hace el poder es la de no cansarse nunca de golpearnos en esa “otra mejilla” que incansablemente no dejamos de ofrecer; así, la única promesa que podemos hacernos es la de armarnos de dignidad y garantizar que ya no queden más mejillas, sólo las mejillas cubiertas.

Colectivo La Libertad

San José, Costa Rica
Julio 201

lunes, 2 de agosto de 2010

... UNA NECESARIA INVITACION AL DEBATE SOBRE LA OFENSIVA CONTRA EL ESTADO, EL CAPITAL Y LA AUTORIDAD EN TODAS SUS FORMAS


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Como anarquistas-autonomxs-antiautoritarixs, una de las herramientas o prácticas que nos definen como tales es la acción directa y el sabotaje, la que utilizamos con el objetivo de ser un aporte concreto a la extensión del conflicto social y la revuelta, tomando con esto también la vida en nuestras manos.
El objetivo de este escrito, es la invitación a todxs aquellxs que ya iniciaron un camino, a todxs lxs antiautoritarixs de la península y porque no del mundo, para abrir un espacio de intercambio-debate-reflexión-(auto)críticas para poder salir del silencio o anonimato, o para comunicarnos a través de reivindicaciones de las acciones que realizamos. Vemos muy importante no quedarnos aisladxs ante la realidad diversa en la que vivimos; por eso necesitamos este debate continuo, con la finalidad de continuar con estas herramientas necesarias en la lucha, mejorando nuestro apunte, superando nuestros límites. Por otro lado queremos también inspirar, animar y recordar con todos los pequeños golpes y gestos de solidaridad que la lucha sigue y que no estamos solxs. 
Algunas aclaraciones previas: el ataque dentro de la praxis política 
Las ocasiones en que ponemos en práctica la acción directa son muy variadas, algunas veces éstas son de carácter ofensivo, como un ataque directo y frontal contra los símbolos del estado y capital (responsables de la explotación de la tierra, de los animales y humanxs). Otras acciones las llevamos a cabo como respuestas a agresiones que recibimos: conflictos sociales, encarcelamientos, muertes... y otras que se desarrollan dentro del marco de una campaña específica, y de carácter puntual. 
Ya que estamos hablando de acción directa, decir que ésta no se basa simplemente en salir una noche y romper-destruir- incendiar y ya; entendemos ésta práctica como válida cuando esta también conlleva una revolución en el día a día y en lo cotidiano; también tenemos que ser capaces de poder analizar qué tipo de acción es más oportuna para el momento y la situación en la que nos encontramos ...Podemos ver con alegría, a través de los distintos comunicados que circulan que estamos recuperando nuevamente la noche, faltaría también recuperar la calle en el día, y dotarnos con esto de un aprendizaje y una posibilidad de desperdigar nuestras ideas y prácticas. 
Por otro lado, entendemos que la práctica revolucionaria no está basada exclusivamente en la acción directa, creemos que ésta debe ir a la par y complementarse con otros proyectos y espacios políticos como: bibliotecas libertarias, CSO-Ateneus, periódicos y revistas, radios, mucha propaganda en las calles, y colectivos que aborden problemáticas específicas, siempre y cuando estas se encuentren lejos de cualquier lógica autoritaria y de convivencia pacífica con las estructuras del poder... es en la suma de estas prácticas donde podemos encontrar un aporte al conjunto, ya que si no hay redes, intercambios y apoyo entre nosotrxs, y no logramos entender el aporte que cada uno hace, al final nuestras acciones e iniciativas quedan aisladas, sin valor ni transcendencia, siendo esto una lástima y una verdadera perdida de energías para todxs. Es plenamente comprensible que cada compañerx tienda a centrarse en aquel tipo de práctica que más responda a sus inquietudes, y no queremos tampoco caer en el manida (y generalmente mal planteada) crítica a la especialización, ya que creemos que ciertas prácticas requieren una dedicación y una atención especial, cuando no exclusiva... pero sí queremos recalcar que creemos que caemos en un error importante de perspectiva cada vez que despreciamos, desde razonamientos políticos o estratégicos, todas estas iniciativas que señalábamos anteriormente. Enfrentar la práctica de la propaganda con la de la acción, como si éstas no estuviesen íntimamente relacionadas y se reforzasen entre si en una sinergía de límites difíciles de establecer (la acción es sin duda la mejor propaganda, y la propaganda extiende, sustenta y da contenido a la acción), responde a un planteamiento demasiado simplista como para ser tenido en cuenta. La propaganda, al menos como nosotrxs la entendemos, es un momento de la fermentación política anarquista, una forma de alimentar el caldo de cultivo del cual surgen las acciones y todo lo demás. Tenemos que encontrar la forma de poder golpear más y mejor y extenderla a los distitos aspectos de la vida. Lamentablemente para muchxs, el espacio de encuentro por excelencia, son las innumerables fiestas que llenan la agenda "antiautoriataria" semanal. 
Afrontando el ataque
Preguntándonos sobre los posibles motivos en la falta de acciones, la pérdida de la calle o la lastimosa paz social que nos está tocando vivir, creemos necesario hacer una auto-crítica (siempre desde la humildad). Rechazamos las actitudes arrogantes, de chulerismo ( todxs quizas las hemos tenido en algún momento) y el vanguardismo; todxs hemos sentido y vivido el miedo, o nos hemos comido algún marrón o simplemente evitamos cualquier situación marronera. Como seres humanxs, no podemos negar estos sentimientos, pero los tenemos que currar profundamente para que no nos paralizen, nos lleven a la pasividad o a la no acción y nos convirtamos en "bomberos" en nuestras propias vidas. De la misma forma, tenemos que ser sincerxs con nosotrxs mismxs y vivir estos procesos paso a paso, con decisión pero sin precipitaciones ni xapuzas y siempre mirando hacia adelante. Así como no creemos la jerarquización de las herramientas de la lucha, tampoco sentimos que alguien sea más o menos por que alguna vez hizo tal o cual cosa. Desnaturalizar nuestras vivencias en torno al ataque y a las emociones que nos provocan, negar nuestras propias debilidades y sentimientos, no sólo supone un engaño hacia nosotrxs mismxs... también es una falta de honestidad revolucionaria hacia lxs compañerxs (especialmente lxs más jovenes), en tanto que al transmitir una visión fetichista de la violencia y la lucha desligamos la práctica del código de valores y la condición humana que nos caracteriza, abriendo la puerta a desastrosos resultados, a veces irreparables. Con esto no queremos decir que toda acción deba regisrse por unos mismos principios. El entorno anarquista-autónomo, a pesar de su reducido tamaño, engloba una rica diversidad de tendencias y polos ideológicos... pero creemos que desde cada una de estas formas de pensar, hay que hacer un esfuerzo por poner sobre la mesa de todxs las verdades y mentiras de una herramienta que no admite fallos, por las graves consecuencias que se derivan de su puesta en práctica.
Otra expresión de la poca madurez con la que se encara el ataque, es el simplismo y la linealidad con el que a menudo se valoran las acciones. Colocadas sobre una escala basada en la “dureza”, o dicho de otra manera, en una escala que va de un nivel bajo de espectacularidad a uno alto, se reduce el análisis de la acción a su aspecto mas superficial, no entendiendo que no es sólo la herramienta que se utiliza -martillo, artefacto incendiario, explosivos, armas de fuego...- la que define su carácter, sino un conjunto de parámetros entre los que por supuesto se encuentra el tipo de herramienta, pero no únicamente. Pensamos que un ataque puede ser valorado desde múltiples facetas. Un ataque es coherente si responde a los principios políticos que llevan a plantearla, tiene valor de agitación en función de su capacidad para agrietar esquemas y contenidos sociales, es personalmente satisfactorio si responde a la necesidad de sublevación y enfrentamiento de la persona que participa en él, estratégico si esta encaminada a alcanzar un objetivo dentro de un plan previo y efectivo si realmente consigue alcanzarlo, etc etc. Analizando las cosas de esta manera, a menudo nos damos cuenta de que rompiendo un cristal, a una determinada hora del dia, escogiendo determinado objetivo, en determinado contexto, podemos conseguir lo que utilizando herramientas mas destructivas no podríamos. Y por supuesto al contrario: otras veces, sentandonos a analizar la situación, pensando en la acción que debe llevarse a cabo, llegamos a la conclusión de que lo más apropiado es recurrir a algo más que una piedra o un martillo.
Grupo de afinidad y redes
Las acciones se llevan a cabo a través de los grupos de afinidad, la afinidad no se basa únicamente en tener una práctica común entre compas, nostrxs la entendemos y la vivimos como algo más profundo y personal, conociendo lo suficientemente bien a tus compas como para alcanzar un punto alto de sintonía y compenetración. Conocer el carácter y la forma de reaccionar ante posibles imprevistos de lxs demás componentes del grupo permite tomar decisiones más adecuadas en momentos poco propicios a la discusión, evitando así detenciones y sucesos desagradables. De la misma manera, también nos parece de vital importancia que todxs las personas se sientan cómodas y seguros, en definitiva a gusto, con la acción que se va a realizar. 
Otro aspecto crucial, y en el que a menudo padecemos grandes carencias, son las "redes" o infraestructura (personales y materiales) que dan soporte a la actividad del grupo. Articular una red de colaboradorxs y elementos materiales (espacios seguros, herramientas,etc.) amplía significativamente las perspectivas y posibildiades a las que el grupo de acción puede aspirar. 

Por otro lado, el poco apoyo y comunicación entre grupos (consolidados o emergentes) y no simplemente en esto sino que también tendríamos que mejorar la comunicación para apoyarnos las unxs a las otrxs en lo que se pueda y sea viable. Aquí también puede jugar un papel importante gente de otras generaciones o con mas rodaje y trayectoria, para prevenir la repetición de errores, transmisión de conocimientos de tipo técnico, consejos de tipo más general (como "moverse" en la calle...)
Porque al final, ante toda la represión del sistema y toda la caza de brujas que la sociedad ha organizado sobre el "enemigo interno", necesitamos un apoyo y solidaridad fuerte entre nosotrxs.

De la defensiva a la ofensiva, concreción de objetivos y discurso
Cuando leemos comunicados que reivindican una acción, vemos como la gran mayoría de estos se enmarcan en ataques con un discurso antirepresivo y antipoliciales como en el inicio hablabamos de las distintas acciones o enfoques que les damos, nos damos cuenta como normalmente nos dejamos llevar por la corriente que generan las maniobras represivas. Creemos que aparte de organizar estas necesarias respuestas, deberíamos tomar la iniciativa de atacar, más y mejor, es decir pasar verdaderamente a la ofesiva, diversificando nuestros objetivos, "afinando la puntería" e intentando siempre provocarles el mayor daño material posible. Trasladando el conflicto sobre responsables concretos, sobre todas sus propiedades (casas, coches, centros comerciales..), golpeando estructuras concretas de las instituciones del capital y el estado, hay que dejar volar la imaginación. Reconocemos el carácter simbólico de estas acciones, ninguna acción por si sola destruirá el completo engranaje del poder, pero se nos hace urgente la materialización del enfrentamiento.
Los comunicados tienen que servir para algo más que solo el hecho de comunicar la acción como suceso. Aunque escribir más comporte cierto riesgo añadido, realmente extrañamos comunicados con un discurso más afilado y un claro posicionamientos político... un aspecto sin duda a trabajar por todxs.



Seguir aprendiendo, seguir peleando

De la misma forma que este mundo nos quita muchas cosas, también en él encontramos un amplio abanico de medios útiles para desarrollar la acción directa. En este sentido, cualquier herramienta es susceptible de ser convertida en un arma. Algo que encontramos tirado en la calle, habitualmente utilizado como parte del mobiliario urbano, objetos fáciles de conseguir en cualquier comercio, etc, pueden ser tremendamente destructivos. Es necesario hacer un esfuerzo de formación sobre la técnica del sabotaje, para poner a trabajar la creatividad sobre aquello que puede servirnos. La decisión de atacar en grupo un objetivo no es difícil. Hay muchas maneras y muchísimos métodos diferentes que ya se han puesto en práctica - y todavía muchas más cosas para descubrir, que están allí, a nuestro alcance-. 
Sin embargo, esto no quita el hecho de que una buena preparación y un método sobre el que se ha profundizado más nos permita efectuar un ataque seguro, certero y con más probabilidades de éxito.
Soñamos con un mundo lleno de pequeñas pandillas-grupos-bandas diseminadas por todas las ciudades donde un jefe, un rico, un juez, un madero, un periodista, un torturador o un agresor cuente con el hecho de que pueda ser atacado y ridiculizado, temiendo por sus propiedades y la tranquilidad de su asquerosa vida. 
Como ya lo dijimos, nuestras palabras, tienen el profundo animo de incentivar, de provocar, de debatir, no somos lxs primerxs ni lxs ultimxs en escribir y decir lo que hemos dicho, pero la llama de la libertad que nace desde nuestros corazones, nos invita a tener que decirlo nuevamente, y a llevarlo a la práctica... Porque queremos seguir peleando, tenemos que seguir aprendiendo. Esta es nuestra pequeña aportación al intercambio de planteamientos y vivencias que exige este aprendizaje colectivo. Invitamos a que aquellxs a quienes estas líneas consigan provocar alguna reflexión, la transmitan y contribuyan a enriquecer el bagaje de lucha que a base de experiencias de todo tipo, hemos forjado entre todxs y pertenece a todxs. 


SOLIDARIDAD Y LIBERTAD A OPRIMIDAS, PRESAS, CLANDESTINAS

UN GUIÑO PARA LAS QUE LUCHAN DESDE FUERA


Barcelona, verano del 2010

viernes, 30 de julio de 2010

MOVIMIENTO FICTICIO Y MOVIMIENTO REAL

EL MOVIMIENTO ANARQUISTA

El movimiento anarquista en su estructura está compuesto por pequeños centros de poder que se desarrollan, actúan, juzgan, condenan, absuelven, deciden y se equivocan como todos los centros de poder. La función que desarrollan es semejante a la de sindicatos y partidos al servir de enlace entre las exigencias del capital y las presiones del embate de clase. Su óptica es la de sumar el mayor número posible de personas bajo una sigla o bandera. En este caso, el poder se mide en base al número de militantes, o mejor, el número de grupos federados (que la cosa impresiona más en cuanto no se sabe si un grupo está constituido por 2 o 200 militantes). Muchos compañeros están más atentos a los congresos y a las reuniones que a las propias luchas; más inclinados a redactar artículos filosóficos para las revistas que insisten en publicarles que al compromiso personal; no tan preocupados en atacar al poder como en tratar de molestarlo lo menos posible para seguir disponiendo de pequeñísimos espacios donde luchar o donde ilusionar con su lucha. La verdad es que en Italia el movimiento es, en su mayor parte, un movimiento ficticio. Quitando raros casos, está fuera de las luchas. Luchas que no pocos grupos y federaciones se atribuyen. Algún grupo va más adelante y se complace haciéndonos conocer sus experiencias dentro de algún consejo de fábrica o comité de barrio. Lo que aquí queremos subrayar es que, a menudo, detrás de toda esta tendencia o colectivo se pueden encontrar algunas personalidades más fuertes que otras, que acaban por construir un verdadero y propio centro de poder, administrándolo en perfecta armonía con las reglas universales del poder. No falta, y es evidente de modo particular en el movimiento anarquista italiano la tendencia a sobrevalorar la importancia del movimiento en sentido específico como elemento dinamizador de la revolución libertaria. Es de nuevo la manía del crecimiento cuantitativo, de la fuerza numérica, tanto más fuerte y desconcertante cuanto menos se es, y cuanto más lejos se está de las condiciones que hacen posible el crecimiento mismo. Resumiendo, tenemos pues un movimiento que se coloca como depositario de un patrimonio de ideas, análisis y experiencias bien precisas, pero que no tiene una relación directa con las luchas. Falta su presencia en las masas, que se considera como condición «única» de su mismo llamarse movimiento anarquista. Pero no todos los compañeros que se sitúan dentro de este movimiento comparten las ideas susodichas, no todos se acomodan a la espera de un crecimiento cuantitativo que debe producirse dentro del movimiento, crecimiento determinante para cualquier acción a desarrollar «en las» masas. Algunos ven el problema en sentido opuesto. En general este distinto análisis es realizado por los denominados grupos autónomos, aunque no es para nada homogéneo o universalmente aceptado.


 MOVIMIENTO FICTICIO Y MOVIMIENTO REAL


 Consideramos como movimiento anarquista ficticio el conjunto de los compañeros que administran una posición de poder dentro del movimiento, que no hacen un preciso trabajo anarquista contribuyendo al crecimiento de la conciencia revolucionaria en las masas, sino que se limitan a presidir las reuniones y congresos, tratando de dirigir a los compañeros más jóvenes o menos preparados hacia lo que ellos consideran los principios indiscutibles del anarquismo. Quedan los otros compañeros que por debilidad o por aquiescencia acaban por adecuarse a las decisiones que son tomadas siempre por las mismas personas. Esos, aunque comprometidos en las luchas concretas desnaturalizan el significado mismo de la necesidad de la delegación y no se ocupan de prepararse de modo tal que válidamente se contrapongan a la «tiranía» del compañero más competente o de más autoridad. El resto del movimiento comprende dos direcciones bien precisas: los que teorizan la necesidad de la minoría específica, constituyéndose como vanguardia destinada a tutelar los sacros principios del anarquismo (o anarco-leninismo); y los autónomos, que se debaten entre el estímulo originario del crecimiento y una nueva visión del movimiento en sentido real En el caso de que estos últimos grupos se autoconsideren los depositarios de la verdad y, como tales, destinados a recoger la herencia de las sacras virtudes anarquistas del pasado, su destino está señalado con anticipación. Muy prestos también ellos encontrarán a su líder (si no lo han encontrado ya) y marcharán en las filas del movimiento ficticio; en el caso de que giren la mirada fuera de la organización, hacia la realidad concreta de las luchas, entonces tal vez sean los compañeros más indicados para darnos un nuevo análisis de la esencia y las posibilidades de un movimiento anarquista real. Pero, en general, el movimiento anarquista no molesta mucho y se le deja dormitar en paz. La ilusión democrática abre espacios de acción imaginaria ante los ojos de muchos compañeros y los induce al error.


 EL MOVIMIENTO ANARQUISTA REAL


La parte no desdeñable del movimiento anarquista internacional que está constituida por los grupos autónomos, como habíamos indicado, no tiene un derecho mayor que cualquier otra, a declararse parte -o constituyente- del movimiento anarquista real. También aquí se pueden verificar fenómenos de concentración elitista, de elefantismo obtuso, de atraso en los análisis en las estrategias de lucha. Al contrario, nos parece que el lugar más seguro para buscar el movimiento anarquista real está fuera de los esquemas y de las iglesias. Se sitúa en las masas que en concreto plasman sus postulados en la confusión y en los cambios de opinión, en los errores y en los titubeos, pero con un notable esfuerzo de autoorganización de la lucha, empleando en ellos una estrategia anarquista de aproximación a la revolución social. Pero esta búsqueda en las masas no se puede hacer de modo ciego. En las masas explotadas la organización de los ataques al poder (patronos, sindicatos, partidos) es un hecho espontáneo, emergente de modo inmediato del proceso de explotación. En estas luchas se dan un mínimo de condiciones para el crecimiento de un movimiento real que no es cuantificable en términos de grupos o federaciones, sino que, indirectamente, resulta medible sobre la base del número de acciones de un cierto tipo que son realizadas sobre la base de la circulación de ciertas ideas, sobre la base de la respuesta que ciertas ideas reciben en determinados ambientes de explotación. En esta perspectiva las tesis anarquistas del pasado no pueden ser aceptadas de forma sagrada, sino que deben ser leídas en clave de actualidad, como modelos de acción y no como estereotipos momificados. Sólo de este modo se podrá tener un movimiento anarquista real que no resulte atrasado frente a los estímulos teóricos procedentes de las situaciones reales impuestas por el movimiento real de los trabajadores. Este, resistiendo a la eliminación física en las cárceles y en los manicomios, rechazando jugar el rol asignado por el poder, desarrolla una organización autónoma que puede también llegar a formas bien precisas de articulación. El movimiento anarquista real no puede ser extraño a esta germinación organizativa espontánea: obligatoriamente debe formar parte de ella tratando de garantizar la esencia libertaria que emerge del movimiento de base: la lucha contra todo tipo de poder. Pero este movimiento anarquista real no debe asumir ninguna forma de prevalencia sobre las organizaciones del movimiento de los trabajadores y no puede ser administradas por especialistas iluminados capaces de mantenerlas en vida en momentos de cansancio. El punto esencial a no olvidar es que estos famosos momentos de reflujo lo son para el movimiento ficticio de los trabajadores, no para el movimiento real, sometido en todo instante a la presión incansable de la explotación y el genocidio.



 EL MOVIMIENTO FICTICIO Y EL DOMINIO DE LO APARENTE



 Nosotros somos partidarios de la organización, pero la organización no puede ser un problema en sí misma, aislada de la lucha; un obstáculo para acceder al combate de clase. El conjunto organizativo despegado de la realidad cae en el dominio de lo aparente y se eleva a la categoría de catedral en el desierto. En su interior se producen todo tipo de disputas entorno a las estrategias y tácticas, que nada tienen que envidiar a las reales; sólo que todo sucede en mundo ficticio. El motivo de esta situación se debería buscar en la existencia de pequeños centros de poder que empujan a muchos compañeros a rotar en torno a ellos, mientras los pocos que administran estos centros, en base a la ley de cualquier organización de poder, no pueden hacer otra cosa que continuar administrándolos. Nos parece que estos compañeros, aunque de buena fe, son responsables directos de esta situación si continúan sin hacer nada al respecto. Es verdaderamente extraordinario el esmero con el que son embalsamadas ciertas momias por quien debería ser por definición contrario a todo tipo de conservadurismos. En sustancia es la ilusión producida por la apariencia lo que empuja a estos compañeros a comprometerse en algo que no tiene sentido si no es considerado un fin en sí mismo. De ahí las grandes fatigas para mantener en pie organizaciones que sólo tienden a perpetuarse a sí misma esperando que llegue el día glorioso de pasar a la acción. El proyecto revolucionario anarquista parte del contexto específico de la realidad de las luchas. No es un producto de la minoría, no es elaborado por ésta y exportado al movimiento de los trabajadores, que lo adquiere en bloque o a plazos. El proyecto revolucionario no es ni siquiera una realización acabada en todas sus partes. Los anarquistas no deben imponer su conciencia de minoría revolucionaria a la clase trabajadora. Actuar en este sentido significa, involuntariamente, perpetuar la violencia leninista. Al contrario, participando en el proceso de autoorganización de la masa, trabajando dentro, no como teóricos políticos o especialistas militares, sino como masa, se puede evitar el obstáculo insuperable de la minoría separada que intenta «viajar» hacia la totalidad de la masa, pero no sabe decidirse sobre la metodología a emplear. Es necesario partir del nivel real de las luchas, del nivel concreto y material del combate de clase, construyendo pequeños organismos de base, autónomos, capaces de colocarse en el punto de coincidencia entre la visión total de la liberación y la visión estratégica parcial que la colaboración revolucionaria hace indispensable. No se trata pues de propaganda, de «hacerse conocer» por las masas, no se trata de acceder a los grandes medios de comunicación, no se trata de hablar en televisión a millones de espectadores; se trata de realizar en cada hecho de la lucha de masa la conciencia revolucionaria de la minoría, transformando en hecho-concreto la conciencia que en convento minoritario, quedaba en simple abstracción; haciendo que la necesidad del comunismo advertida por las masas se realice, poco a poco, en una concreción cotidiana, en una organización material de la vida.


 ¿QUE MOVIMIENTO?


 Pero, en definitiva ¿qué cosa debemos entender por movimiento anarquista? Pensamos que debe ser entendido en el sentido más amplio de término, como el conjunto de todas las fuerzas que luchan por la realización de una revolución social libertaria; pero pensamos también que la cristalización oficial de algunos componentes de este movimiento, el ponerse cómodo sobre temáticas escolásticas, el encerrarse en conventos que escupen sentencias de absolución o condena, haya acabado, al día de hoy, por transformar la parte más grande de este movimiento en un pesado e inútil carrozón ideológico. Sin embargo, más allá de la estructura, que está matando todo, hay compañeros, individuos que intentan luchar por su ideal, que ven con claridad como este choque continuo con la estructura acaba por oprimirlo cuando debía exaltarlo y hacerlo realizable. Estos compañeros son los destinatarios privilegiados de nuestro discurso.


 LA ORGANIZACIÓN


 La organización específica de las masas explotadas se da a través de la autoorganización. Esta puede extenderse en el curso del combate y del desarrollo de las contradicciones, pero sin perder su fundamento espontáneo de autorregulación. Esto garantizará la persistencia de una estructura horizontal, única salvaguardia para continuar la lucha. El aislamiento es la causa de la derrota revolucionaria, no sólo sobre el plano militar, sino, más todavía, sobre el político. Ello no es posible cuando el organismo actuante no es producto de un dualismo (organismo de masas-organización específica), sino que es la masa misma la que extiende su actividad estructurándose de modo autónomo. Todo está todavía por hacer en esta dirección. La masa desarrolla e incrementa diariamente su necesidad de comunismo, elabora su propia teoría, determina sus enemigos. No podemos continuar quedándonos en lo cerrado de nuestros grupos, meditando análisis y proponiendo estrategias de acción como producto de un organismo que se considera interlocutor privilegiado de la masa. Debemos poner al revés el razonamiento, dejar de contarnos y comenzar a contar a los explotados y guettizados.


  DE NUEVO SOBRE EL ERROR DEL CRECIMIENTO CUANTITATIVO DE LA MINORÍA


 La vieja ideología cuantitativa se puede transferir bajo la forma de objetivación de la minoría misma. El compromiso por la lucha viene dado por la búsqueda del crecimiento del movimiento específico, de la minoría. No debemos basarnos en las propias perspectivas y en los intereses propios, utilizando las ocasionales instancias del movimiento de los trabajadores como detonador del proceso de desarrollo y de ampliación, sino, al contrario, el punto de partida debe ser la transformación de la realidad misma, esto es, la transformación de la relación existente entre autoorganización y delegación de las luchas. Por eso, el «terreno» sobre el que comprometerse sólo puede ser el propuesto por los estímulos de la realidad misma, tomando en cuenta, como sabemos, que estos estímulos están divididos entre el empuje hacia la autoorganización de las luchas y el impulso hacia la delegación. Si en un barrio crece el descontento por ciertas carencias del poder que causan disfunciones (aumento de la explotación), esto no significa que el barrio esté dispuesto a auto organizar la lucha para resolver el problema inicial, hacer disminuir la explotación que lo golpea y pasar a profundizar la lucha por otros objetivos más generales y más específicamente revolucionarios. A menudo, todo lo que está dispuesto a hacer es esperar para ver qué camino es el más eficaz para obtener aquello de lo que carece.. Por este simple motivo, sindicatos y partidos pueden en todo momento obligar al poder a eliminar las contradicciones y, haciéndolo así, a apagar las luchas. Nuestra tarea no puede ser, por tanto, sólo la de llegar antes que ellos, sino la de introducir la lucha en un cuadro más amplio, en un proyecto revolucionario más complejo, que pueda desplazar la relación autoorganización-delegación! del lado de la autoorganización. Y esto no es posible encerrándose en el hecho en cuanto tal, en la acción como fin en sí misma, o peor todavía, en una perspectiva de crecimiento cuantitativo de la minoría. En estos últimos tiempos, la necesidad de comprender bien esta relación se hace más apremiante. Podemos decir que el disenso se ha institucionalizado. La contestación, el formular peticiones no ortodoxas, una cierta animosidad de la base, cosas que hasta ayer causaban un cierto pánico en los sindicatos y en los partidos, hoy pueden ser objeto de debate en las instituciones. Mediante la discusión, la apertura, las asambleas de base, el diálogo, se impone, de forma limpia y sin escorias, lo que quiere el poder. Por tanto, el objetivo de intervención no puede ser establecido a priori, sino que va delimitándose en el curso de la intervención misma y sobre la base de las modificaciones que ello causa sobre la realidad de las luchas. No puede valorarse en base a resultados objetivos inmediatos por alcanzar, porque esta también puede ser tarea de partidos y sindicatos; no puede ni siquiera valorarse en base a una ideología a priori, que acaba por hacerse afirmación maximalista y, muchas veces, inoperante frente a una realidad que se va estructurando sobre una serie de contradicciones. Si, por ejemplo, nos limitásemos a denunciar las condiciones de los encarcelados, seríamos sin duda útiles a los compañeros a los compañeros que sufren la represión; pero limitándonos a esto, condenaríamos nuestra intervención a quedar en manos de una minoría externa que se acerca a la realidad y la divisa, se bate por ella y, - al límite, hace algo por cambiarla a mejor. Pero este «cambiar a mejor» es útil también para el poder que, antes o después, debe también decidirse a adoptar sistemas más refinados y socialdemócratas de represión; sistemas igualmente, si no más, eficaces. La acción práctica de la minoría es la realidad de las luchas es, pues, la de impulsar el desarrollo de la autoorganización, rompiendo con el delegacionismo y el dirigismo, aunque esté camuflado de proyecto revolucionario.


 LA FRAGMENTACIÓN DE LA REALIDAD DE LAS LUCHAS


 La existencia misma del poder y de la explotación es el indicio más seguro de la fragmentación de la realidad de las luchas. En caso de que éstas lograsen fundirse en una acción homogénea, es decir, hiciesen prevalecer la tendencia a la autoorganización, el poder sería barrido. Y dado que este último aprecia perfectamente el peligro, se organiza en consecuencia. Sus aliados más eficaces: los partidos y los sindicatos. Esta fragmentación no se traduce en una distinción de niveles según la presencia reformista, tecnocrática o revolucionaria. Es una fragmentación que desciende en vertical, en profundidad. Una realidad de lucha en una fábrica, barrio, guetto, escuela, manicomio, etc. no es nunca calificable como «realidad» reformista, tecnocrática, revolucionaria, etc., siempre tiene un conjunto de problemas y de estímulos que la caracterizan, un conjunto de tendencias y prejuicios, de separación y de empeño, de compromisos y de toma de conciencia. Sólo cerrando los ojos se puede admitir, por definición, que la minoría es monolítica porque ha tomado conciencia, mientras que la realidad es fragmentaria porque ha de ser conquistada por la minoría. En realidad las cosas son muy distintas, el proceso es, para ambos elementos de esta relación, una tendencia y una constante modificación.

A. M. Bonanno.

jueves, 29 de julio de 2010

La Guerra y la Revolución: reflexiones a partir del nuevo conflicto Uribe-Chávez

El siguiente artículo ha sido elaborado como crítica al argumento que se viene agitando desde hace un tiempo por parte del reformismo de que la insurgencia colombiana se habría convertido en la "excusa" para justificar el terrorismo de Estado y el imperialismo. Tal argumento, aparte de no ser verdadero, desde nuestro prisma, se convierte en una justifiación "suave" precisamente del terrorismo de Estado y del imperialismo. Esta reflexión que venía trabajando desde hace tiempo en base a debates dentro de la izquierda, dentro del movimiento por la defensa de los derechos humanos en Colombia, ha sido finalmente desarrollado debido a las desafortunadas e innecesarias expresiones de Chávez durante las denuncias ante la OEA por parte de Colombia como un "cómplice del terrorismo". Ante el recrudecimiento de la presión imperialista creemos fundamental una mayor claridad conceptual.




La Guerra y la Revolución: reflexiones a partir del nuevo conflicto Uribe-Chávez



El reciente capítulo de tensiones entre Venezuela y Colombia no puede ser visto como un incidente más entre vecinos con relaciones tradicionalmente tormentosas. La ofensiva mediática del gobierno de Uribe Vélez en contra de Venezuela por “albergar terroristas”, debe ser vista dentro del marco general de recrudecimiento de la agresividad del imperialismo en la región. En la medida en que los EEUU buscan recomponer su hegemonía y recuperar terreno perdido mediante el incremento en su pie de fuerzas en la región (reactivación de la IV flota; bases militares en Colombia, Panamá, Aruba, Curazao; golpe militar en Honduras y ocupaciones de Haití y Costa Rica[1]), las denuncias de Colombia hacen parte de la estrategia mediática de la guerra de baja intensidad declarada por parte del imperialismo principalmente en contra de Venezuela, pero por extensión, en contra de todos los regímenes que no se cuadran dogmáticamente detrás de sus designios o que buscan la integración regional, horror de horrores de Washington. Estas denuncias buscan crear el ambiente de histeria mediante el cual el uso potencial de la violencia pueda verse justificado según la ideología predominante de la “guerra contra el terrorismo” (que en nuestras latitudes, se confunde con la “guerra a las drogas”). Por lo pronto, la fuerte presencia yanqui en el área Centroamérica-Caribe juega un rol disuasivo. Pero nada indica que en caso de necesidad, no pueda darse el paso a la agresión abierta –las incursiones de paramilitares colombianos en territorio venezolano, que no reciben la misma atención que los campamentos guerrilleros por parte de los medios internacionales, los cuales también juegan su parte en esta estrategia imperialista, es una clara señal de la guerra de baja intensidad que se prepara.

Bien lo señala Antonio Caballero: “la pelea con Chávez no es (…) un capricho agónico de Uribe (…) Sino un servicio más que les presta a sus amos [ed. En EEUU], como diría el coronel venezolano. Así, el Departamento de Estado norteamericano ya terció para advertir que ‘hay que tomar las acusaciones muy en serio’. Porque muestran lo que había que mostrar: que Chávez es un protector de narcoterroristas. ¿Y para qué son las siete bases cedidas por Colombia? Pues para combatir el narcoterrorismo”[2].

Ante este sombrío panorama, no hay, no puede haber, espacio para medias tintas. Al imperialismo se le enfrenta o se le hace el juego. Acá no sirven las amenazas de que “les cortamos el petróleo si nos tocan”, ni los quiebres mediáticos de relaciones diplomáticas con Uribe, mientras se anuncia que éstas se reanudarán en una semana y media con Santos (como si los dos no fueran cortados por la misma tijera imperialista y paramilitar). Acá las posiciones no pueden prestarse a equívoco. No puede denunciarse un día al “cachorro del imperialismo” para al día siguiente andar con abrazos y besos, diciendo “hermano bolivariano, no permitamos que el imperio nos enfrente”. Desde luego que no esperamos esta claridad del poder: esta claridad la esperamos del mismo movimiento popular y es ahí donde debemos dar una lucha ideológica muy profunda, pues no faltan los que se marean con los discursos equívocos que vienen desde arriba.


¿Excusas para el imperialismo?


De lo dicho por Chávez hay un aspecto que creo debe considerarse con especial cautela, porque es un argumento fundamentalmente erróneo, repetido hasta la saciedad en Colombia por una seudo izquierda socialdemócrata que ha entrado en el juego de borrar la historia de las luchas colombianas, de manera que, involuntariamente o no, terminan haciendo el juego a la reacción de la oligarquía colombiana y de paso al imperialismo.

Este argumento es el que reza que la “guerrilla debe reconsiderar su estrategia armada porque se han convertido en una excusa para que Washington se involucre en Colombia y agregue a países vecinos”[3], en palabras de boca de Chávez mismo. Según esta versión, son las guerrillas colombianas las que se han convertido en excusa del imperialismo y de la oligarquía colombiana para ejercer el terrorismo de Estado. Es decir, sin guerrillas, la oligarquía jugaría limpio y el imperialismo se retiraría respetuosamente al norte del río Bravo… ¡me pregunto si Chávez antes de regalar “Las Venas Abiertas de América Latina” a Obama se lo ha leído!

Semejante afirmación podría pasar como una sencilla tarugada salida de boca de cualquier hijo de vecino. Pero en boca de supuestos revolucionarios, de gente supuestamente de izquierda, se convierte en un argumento desmovilizador, desmoralizador y en un juego abierto a favor de la reacción. Me imagino la satisfacción que deben sentir en la Casa de Nariño y en el Pentágono de que en momentos de crisis como estos, Chávez salga gratuitamente a reforzar la propaganda imperialista sobre el conflicto colombiano.

No es primera vez que escuchamos a la izquierda reformista quejándose de esos molestos campesinos patirrajados en armas, que sirven de “excusa” para Uribe, que sirven de excusa para los paracos, que gracias a ellos se criminaliza a la izquierda… confundiendo de tal manera la causa con el efecto. En una entrevista de 1988, dice el ex dirigente del Partido Comunista Colombiano, Gilberto Vieira: “Nosotros constatamos la existencia de una incipiente pero peligrosa tendencia socialdemócrata en Colombia. Ellos dicen que la causa de todas las desgracias en el país es la existencia de las guerrillas (…) están trabajando con la Socialdemocracia europea y están con esas teorías de que la causa de todas las desgracias es el movimiento guerrillero. Esa tesis no la levantan en Colombia ni los liberales ni siquiera los conservadores”[4]… ¡Quién diría que apenas dos décadas más tarde, casi el conjunto del derechizado espectro político, incluidos liberales y conservadores, estarían de acuerdo en esta tesis que la socialdemocracia comenzó a desarrollar a fines de los ’80! ¡Quién diría que esta tesis sería absorbida y utilizada por el proyecto paramilitar-uribista como parte de su lucha ideológica, de su lucha por pervertir la historia! Peor aún, ¡Quién diría que dos décadas más tarde gran parte de la izquierda colombiana agrupada en el Polo Democrático Alternativo (coalición de la cual hace parte el Partido Comunista) se hace eco de este argumento, reclamando constantemente a la insurgencia su desmovilización unilateral y vociferando que la “guerrilla” hace el juego al uribismo dándole excusas para reprimir!

Acá se hace necesario ser claros:

La insurgencia en Colombia es producto de un terrorismo de Estado salvaje, de la penetración brutal del imperialismo en territorio colombiano, y de una oligarquía que ha convertido la violencia abierta en una manera normal de hacer negocios y enriquecerse. Las guerrillas nacieron como una respuesta de defensa a la violencia de los ’40 en contra de los campesinos –con el paso del tiempo, las formas de este terror han cambiado, más no así su esencia. El cuento no es al revés. No es que la guerra sucia, que el paramilitarismo, hayan empezado porque había guerrillas –tal cosa es el discurso fétido de un ideólogo del uribismo como es José Obdulio Gaviria. La izquierda debería tomar sana distancia de esta clase de argumentos falaces.

Pablo Beltrán, comandante del ELN, expresó con meridiana claridad este punto, que la guerrilla colombiana es efecto y no causa, al referirse a los debates en el seno del Polo en torno a la lucha armada: “El debate no es si la guerrilla sigue o no sigue, sino, si la élite va a dejar de hacer la guerra sucia y de poner todo su aparato de Estado para eliminar a la oposición”[5]. Por lo pronto, nada hace pensar que la oligarquía colombiana está dispuesta a ceder en la guerra sucia –es más, la profundiza día a día, como queda evidenciado con los recientes escándalos del DAS, falsos positivos, con el despojo-desplazamiento de millones de colombianos, con los señalamientos y amenazas constantes del poder, con el recrudecimiento del paramilitarismo en los centros urbanos y en los campos colombianos.


Guerra y Revolución


Existe una relación íntima entre guerra y revolución, que ha sido establecido desde el inicio mismo de las revoluciones modernas. Estudiando la Revolución Francesa, dice el teórico libertario francés Daniel Guérin que: “Casi todos los acontecimientos importantes de la Revolución Francesa estuvieron condicionados por la guerra exterior, por la suerte inestable de las armas. El mecanismo fue prácticamente invariable: cada derrota militar modificó la relación de fuerzas a favor de la vanguardia popular; cada victoria, a favor de la burguesía.”[6] Puede decirse que esto no fue en absoluto una particularidad de la Revolución Francesa: las derrotas militares del Zarismo en contra de Japón y de Alemania produjeron las revoluciones de 1905 y la de los Soviets en 1917, respectivamente. La derrota militar en las colonias africanas abrió en Portugal las puertas a la Revolución de los Claveles en 1974. La derrota francesa de 1871 dio paso a la primera revolución proletaria moderna, la Comuna de París. Ejemplos abundan por decenas. Y aún cuando aún no esté a la vista una revolución en Colombia por ahora, la suerte inestable de las armas sí afecta la balanza política como lo demostró la grosera utilización de la Operación Jaque por parte de Uribe, quien intentó mediante esta victoria echarse al bolsillo al poder judicial y prolongar su mandato indefinidamente. De igual manera, cada golpe militar a la insurgencia es utilizado descaradamente por el gobierno colombiano para sus fines políticos, y de ello se desprende la importancia del aspecto mediático y propagandístico de la guerra –de ahí la obsesión por los “resultados” que llevó a los montajes, falsos positivos y ejecuciones extrajudiciales, a los informes plagados de mentiras y exageraciones, como manera de inflar los resultados y dar una falsa impresión de triunfalismo fácil.

Aquellos que creen –como se desprende del discurso hegemónico del Polo- que si desaparecen las FARC-EP, o el ELN -sin realizarse cambios políticos estructurales y profundos previa su desarticulación- se abrirían las puertas para que la izquierda pueda acceder “democráticamente” al poder en Colombia se equivocan medio a medio. Aquellos que creen que la derrota militar de la insurgencia, o su desmovilización en condiciones de derrota, harán que desaparezcan las “excusas” del Estado para seguir excluyendo, asesinando y despojando, se equivocan rotundamente e ignoran las condiciones reales de las luchas sociales en Colombia. La política no se hace sobre una tabla rasa, sino sobre la historia concreta de cada nación: Colombia jamás será Porto Alegre.

Más allá de las diferencias políticas que podamos tener con la insurgencia; más allá de las querellas que en más de una ocasión hemos podido tener con los métodos autoritarios que pueden aplicar, hay un hecho objetivo: la derrota militar de la insurgencia abriría las puertas de par en par a una reacción sin precedentes. Estaríamos, no quepa ninguna duda, ante un auténtico carnaval de la reacción.

Quiero citar acá las palabras de un dirigente campesino, de la ANUC-UR, las cuales creo que iluminan ciertos aspectos de esta cuestión crucial:

“El conflicto que hoy enfrentamos tiene profundas raíces, deviene de años, de siglos, de resistencia (…) Pero sobretodo deviene de la forma en que se construyó el Estado colombiano, a través de la guerra, del exterminio, del despojo (…) por eso decimos que en Colombia existe un conflicto social y armado, social por las causas estructurales y armado porque la guerra es la forma específica en que en los últimos 40 años se construyó, al menos hegmónicamente, la política (…) El conflicto armado no es ajeno a las causas por las cuales luchamos; y aunque la degradación del mismo ha hecho que una parte de la expresión insurgente se rija por las lógicas miliaristas y autoritarias, es más perversa lalógica del Estado que ha ubicado en la guerra la justificación de su estrategia para continuar excluyendo la población y arrebatando hoy más que nunca nuestros recursos naturales”[7].

Es decir, el término del conflicto en Colombia no es meramente un asunto de voluntarismo, sino que responde a dinámicas sociales históricas y concretas; segundo, el conflicto refleja las demandas históricas de los oprimidos y explotados en Colombia (he ahí el esmero del poder en “vaciar” de ideología a la insurgencia, equiparándolas con meras bandas delictivas, pero ¿alguna vez el poder ha reconocido legitimidad a sus detractores?); aún cuando la guerra sucia haya llevado a un sector insurgente a prácticas degradadas, en ningún caso este sector puede ser equivalente al Estado; y por ultimo, es el Estado el cual justifica en la guerra una estrategia preconcebida (y de hecho, implementada de antes de la existencia de las guerrillas) de despojo y saqueo. Que haya sectores de la izquierda que se hagan eco hoy en día de este discurso y que planteen que la guerrilla es la “excusa” del uribismo (que sea utilizada como tal no significa que efectivamente lo sea), sencillamente demuestra la confusión política imperante en las tiendas izquierdistas. Tal es el mareo ideológico que se termina replicando un argumento crucial de la oligarquía, el argumento mediante el cual ponen la realidad de cabeza.

¿Significa esto que hay que abandonar la demanda de la solución política al conflicto? De ninguna manera. Pero tampoco hay que olvidar que esta demanda de solución negociada se da en el marco de la lucha de clases más aguda del hemisferio; que no se logrará sin lucha ni resistencia; que el modelo de guerra que se enfrenta es no solamente una guerra contrainsurgente sino que por extensión una guerra al bolsillo y los derechos de la clase trabajadora, es una guerra contra el pueblo; y que la presión fundamental debe hacerse hacia el Estado, expresión política de la oligarquía colombiana, que es el responsable histórico del conflicto social y armado en Colombia. El discursillo trasnochado de las ONG de los “actores armados”, como si fueran equivalentes, equidistantes y equiparables, debe ser desechado al tacho de la basura. Acá no debe hacerse presión “por igual” a las “partes” del conflicto.

Solución política no significa, no puede significar, desmovilización. La desmovilización sin alterar profundamente las relaciones sociales imperantes en Colombia (relaciones que reposan sobre la correlación de fuerzas de las clases y no sobre formalismos jurídicos) no garantiza ni una apertura democrática, ni un término de la violencia de clase, del saqueo, del despojo, ni el fin de nuevos ciclos de violencia. Que haya un sector de la izquierda, hegemónico en el Polo, que piense esto, demuestra que con las desmovilizaciones de los ’90 no se aprendió nada.

Obviamente, hablar de negociación política significa hablar desde una posición de fuerza (algo que el uribismo entiende mejor que nadie[8]), significa encontrar un lenguaje común del bloque de los de abajo (los de arriba tienen su lenguaje común y su programa muy claramente definido) y significa que exista una presión del conjunto del pueblo que sea constante para conseguir ese cambio. Significa, en una palabra, volver a poner la revolución en la agenda política, pues de lo que se trata no es lisa y llanamente de “resolver un conflicto” sino de transformar la sociedad fundada en la violencia, la explotación más feroz y la injusticia.


Profundización de la penetración imperialista y derecho a la resistencia


Lo más preocupante es que este discurso de la “excusa guerrillera” al imperialismo se venga a instalar en momentos de intensificación de la presión imperialista en la región, momentos que requieren más que nunca que los pueblos reclamen el derecho a la resistencia. El síndrome post-11 de Septiembre parece que ha calado hondo en la izquierda hemisférica, al punto de que la resistencia armada se ha convertido en un anatema, en un tabú, cuando no en una vergüenza.

Se vienen tiempos duros para América Latina: lo que se ha avanzado en términos de conciencia, de movilización, de organización, peligra ante la sombra de los halcones del Norte que merodean nuestro vecindario. Es hora de movilizar la conciencia, de prepararse para la resistencia y no pensar que el imperialismo puede ser mantenido a raya en conversaciones burocráticas en la UNASUR, con resoluciones de encuentros de palacio o con llamados a la resistencia (únicamente) cívica.

Ante la ofensiva imperialista, es necesario que el movimiento popular latinoamericano piense seriamente cómo enfrentar de manera contundente una eminente agresión en la región. Porque esto se está cocinando más allá de la voluntad de la izquierda latinoamericana –el error fatal del proceso allendista en Chile fue pensar que podrían persuadir al imperialismo de no atacarles, y mientras en los cuarteles preparaban el Golpe, los comunistas salieron a las calles no a rodear a los cuarteles, no a resistir, sino que a pintar murales con el lema “No a la Guerra Civil”.

Comenzar por defender el derecho de los pueblos a la resistencia y no replicar los discursos que, desde el poder, buscan demonizar cualquier forma de resistencia eficaz, es un primer paso. A fin de cuentas, el imperialismo no ha necesitado de excusas para hacer lo que viene haciendo hace siglos… ¿por qué entonces darles más argumentos?


José Antonio Gutiérrez D.

26 de Julio, 2010




[1] Nos hemos referido ya bastante a esta cuestión en un artículo previo http://www.anarkismo.net/article/17043 y no creemos necesario retomar con lujo de detalle esta cuestión. El lector interesado en profundizar, puede consultar el artículo mencionado.
[4] Harnecker Marta, “Combinación de todas las formas de lucha –entrevista a Gilberto Vieira, secretario general del Partido Comunista Colombiano”, Publicaciones Latinoamericanas, 1988, pp.68-69.
[5] “De la Resistencia al Poder Popular, Diálogo con el comandante Pablo Beltrán” Ed. OceanSur, 2008, pp.35-36.
[6] Guerin, Daniel “La lucha de clases en el apogeo de la Revolución Francesa, 1793-1795”, Editorial Alianza, 1974, p.159
[7] “Memorias de la Tercera Mesa Nacional Indígena de Paz y Derechos Humanos”, CNIP, 2006, pp.71-72.
[8] Por ello es que en relación a la ofensiva que libra el Ejército en torno a las estructuras guerrilleras del máximo comandante de las FARC-EP, Alfonso Cano, en el Tolima (las cuales han sido infladas y exageradas por los medios como parte de la estrategia de propaganda), dice un analista de la Corporación Nuevo Arco Iris que, en caso de un golpe militar decisivo en contra de la comandancia máxima:
“Si bien la presión, desde lo militar, tendría que continuar, ‘sería el momento perfecto para lograr una salida negociada como la mejor forma de terminar con un conflicto’. Según Valencia, es este momento, con una guerrilla disminuida, cuando resulta más fácil negociar con este grupo subversivo.” Obviamente, Valencia se refiere de manera entusiasta a una negociación más "fácil" desde la perspectiva de un Estado paramilitarizado, mafioso, que garantizaría fielmente la perpetuación los mezquinos privilegios de la oligarquía más violenta y terrorista del continente. http://www.semana.com/noticias-conflicto-armado/signifi....aspx



jueves, 22 de julio de 2010

ENTREVISTA A LUIS PACHECO MIEMBRO DE ASOMA-PAZ

Esta es una entrevista que realizaron algunos compañeros del frente de trabajo rural de ANTORCHA LIBERTARIA a un miembro de la asociación comunitaria de campesinos del paramo de suma paz, en el marco de organización que atraviesan las comunidades campesinas frente a los avances urbanísticos del distrito.

1. Grupo Antorcha Libertaria: ¿Podría comentarnos hace cuanto tiempo vive en la zona rural de la localidad 5 de USME?

Luis Pacheco: Yo soy nacido y criado en la localidad 5 de USME más exactamente en la vereda de Chisacá, las condiciones de vida son aceptables, en cuestión de vías hay una parte que esta pavimentada y la otra aun destapada.

2. GAL: ¿Cómo ha sido el proceso de organización en las comunidades?

Luis Pacheco: Haber yo hago parte de ASOMA-PAZ, en este momento soy delegado de las veredas del sector rural. El proceso de organización que se ha dado acá, comenzó con las J.A.C. (Juntas de Acción Comunal), hacia el año 1963; a partir de ahí duro mucho tiempo este tipo de organizaciones, siendo las más representativas de la zona rural.

Hace unos cinco años se vinieron conformando las juntas de acueducto, asociaciones de acueducto y otras asociaciones que han venido trabajando con padres de familia.

3. GAL: ¿De qué forma la auto-organización comunal ha mejorado las condiciones de bienestar entre los habitantes de la comunidad?

Luis Pacheco: Pues generalmente siempre una comunidad que este organizada, es más fácil para hacer procesos de desarrollo comunal, sin embargo aquí en este sector de USME la ruralidad no ha sido muy conocida hasta hace algunos años, entonces eso parecía que se desconocía en el gobierno central, y por lo tanto los recursos nunca llegaron a la comunidad.

4. GAL: ¿Cuál es su posición con respecto a USME ciudad futuro?

Luis Pacheco: Nuestra posición, y la posición de la comunidad es que es un proyecto que se esta manejando desde el estado, pero no se consulto a la comunidad, la concertación que ha habido es más de carácter informativo de cómo va a quedar el proyecto, pero no han desarrollado planes sociales para la comunidad y prácticamente lo que se genera es el desplazamiento de nuestras comunidades campesinas.

5. GAL: ¿Cuál fue la percepción inicial de la comunidad frente al proyecto USME ciudad futuro?

Luis Pacheco: La comunidad en un principio pues no lo vio tan agresivo, pensó que se iba a desarrollar con barrios pequeños, y que eso no afectaría la vida de la ruralidad, después nos dimos cuenta que las aspiraciones del estado iban mas allá y que era seguir con la expansión por las veredas del Uval, Soches, Requilina y Chiguaza, y que prácticamente estas veredas tienden a desaparecer con el proceso de urbanización.

6. GAL: ¿Cuál considera que debe de ser la finalidad de las organizaciones comunales rurales en el momento?

Luis Pacheco: Pues actualmente las acciones comunales y organizaciones colectivas, estamos en un trabajo mancomunado, para que no se continúe con esa expansión urbana tan irracional, donde no hay planes de acción para la comunidad campesina, en este momento a un campesino que fácilmente le pagan su tierra a un bajo precio, el futuro de él es incierto no tiene donde ir, no tiene otros medios de trabajo porque lo único que sabe es la agricultura y la ganadería

7. GAL: Un mensaje de lucha para todas las personas que lean esta publicación.

Luis Pacheco: Mi mensaje es invitar a toda la comunidad tanto urbana como rural para que nos apoyen en este proceso, nosotros consideramos que la vivienda es vital para la gente que no la tiene, pero en este momento están haciendo viviendas que son cajas de fósforos, que no reúne los requisitos para una familia digna, por otro lado es el desplazamiento de una comunidad campesina, que ha venido estando asentada por muchísimos años en la zona.